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Del libro El Paraíso perdido., de próxima publicación
El hombre y la mujer como seres humanos. Relatos del más allá. Las 10 palabras.
La división del hombre completo en hombre y mujer, es la separación del consciente del inconsciente. La consciencia de lo concreto, lo manifiesto es el lado femenino de toda persona. El inconsciente es el lado masculino, invisible, desconocido, en contacto con el más allá, de toda persona. Las raíces son comunes.
Ets, 70-90, árbol; etsá, 70-90-5, consejo, opinión. ¿Cómo aconsejamos? ¿Cómo opinamos? Ets, el árbol, es una palabra masculina, etsá, el consejo, es la misma palabra en femenino. Recordamos que ante al árbol opina la mujer, el lado consciente.
Significa que cada persona, ya sea hombre o mujer, está dividida. A pesar de ello, la mujer muestra muchas cualidades muy específicamente femeninas. Y el hombre muestra características definitivamente masculinas. Ningún lado vale más que el otro, pero decir que son iguales es falso. Para volver a ser ese Adam del principio, los dos lados son necesarios.
El lado masculino en el mundo se muestra preferentemente en el hombre, lo femenino en la mujer. Pero nada es definitivo porque en el tiempo todo fluye y cambia. Hay matices. Hay hombres con características femeninas y viceversa. Lo único que constatamos es que la dualidad existe en todo ser humano, y que en la manifestación, en el mundo de aquí, prevalecen los matices. Son los matices los que muestran los hechos del camino, el anhelo y la búsqueda de una relación.
Hagamos un inciso en nuestro análisis del segundo capítulo de la Torá y sigamos ocupándonos del lado masculino, oculto. Porque la relación más decisiva es aquella entre lo manifiesto y lo oculto. Son las raíces del ser humano.
Puede sorprender que la Biblia sea tan predominantemente masculina. A los hombres los cuenta; dice concretamente que en la salida de Mizraim hay 600.000 hombres de más de 20 años, y luego todas las mujeres, los hijos, el ganado y otras posesiones que no detalla.
Si nos distanciamos de la visión usual de la Torá en el sentido de que son comunicaciones de acontecimientos históricos y si intentamos aplicar los principios de los que hemos hablado, significa que aquí se habla del ámbito del inconsciente. El dibujo que se nos presenta es del mundo inconsciente. Y las mujeres y todo lo demás acompañan, por supuesto.
También el comportamiento en lo cotidiano y los muchos encuentros tienen su lugar correspondiente. Las mujeres que son mencionadas por su nombre y sus experiencias, se vuelven de pronto corporales, pero estando presentes en el más allá. Siempre de nuevo separamos las raíces.
Si lo masculino es ese mundo de lo oculto, entonces es muy importante que se cuenten muchos relatos aquí de ese mundo. No comunicaciones directas en la forma en que estamos acostumbrados a escucharlas. De ovnis que nos llegan del espacio exterior con científicos altamente cualificados, máquinas súper poderosas, ciencia ficción. No. Hay otro tipo de relatos que median entre el mundo de aquí y las comunicaciones que nos vienen del mundo de allá. Entre lo masculino y lo femenino. Hablamos de esas historias. Hablamos de relatos del más allá. Allí son exactas, igual que los 600.000 hombres que salen de Mizraim. Si somos capaces de reconocer estas historias como tales, pueden comunicarnos muchas cosas muy importantes. Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. (120)
Son historias que salen del ser humano. Nada de relámpagos ni truenos, son parte del ser humano, él las respira. Ruaj, espíritu, es también el aliento. ¿Cómo exactamente llegan o llegaron? ¡Qué se sabe! No tiene interés averiguarlo en la historia porque significaría que vienen de tiempos muy remotos, muy distantes, nada que ver conmigo.
Ahora podemos reanudar con la primera historia de la creación. Hemos contado ya bastante de ella. Es la historia en la que Dios se llama Elokim. Elokim es una palabra masculina, plural. Y el tetragrama, ese 26, es femenino. La ley, el juicio, está bajo la tutela de Elokim. La piedad, la bondad, es de haShem, llamado también el Eterno. Y pensemos en la identidad de las palabras misericordia y matriz en el hebreo.
Elokim es ese lado masculino, oculto, en el ser humano. Hasta que llega la segunda historia de la creación en la que Dios se presenta bajo el nombre del tetragrama. Este lado ahora tiene relación con el mundo, Dios se relaciona bajo el nombre del misericordioso con el mundo, y el mundo se manifiesta. HaShem es otro nombre del tetragrama. Es el lado femenino. Pero haShem no está solo, sino más bien, en unidad con Elokim. Es haShem Elokim. Significa que lo manifiesto lleva en sí lo oculto. Solo así sale a la luz lo que de otro modo hubiera quedado desatendido. Lo oculto es el fundamento de toda la creación. Con Elokim comienza todo.
También en el caso de las 10 Palabras −se suele hablar de los 10 mandamientos, lo que es equivocado− vemos esta dualidad. Porque también esas palabras se pronuncian dos veces. Por primera vez (121) las habla Elokim. Y Elokim habló todas estas palabras, diciendo: Anoji, Yo… Y la gente se asusta, está llena de temor por el estruendo tan grande, porque no se puede vivir y escuchar a Elokim. (122) Y sigue: Yo soy Eterno, Elokim, que te saqué de la tierra de Mizraim, de casa de servidumbre. (123). Ahora es el misericordioso el que habla. (124)
Las 10 Palabras del Sinaí están escritas con 172 palabras y 620 letras. El número 172 nos habla de la alternativa, ekev 70-100-2, y las 620 letras de keter, 20-400-200, de la corona. Que puede ser nuestra, o no. Depende de nosotros mismos, no hay ninguna obligación.
Ahora por favor, no veamos a estas 10 Palabras como un acontecimiento histórico, como se nos ha enseñado a verlo. Se trata de un acontecimiento en el más allá, que está allí como Ser y devenir en uno. Es un ofrecimiento de Dios y por ello está en nuestras vidas permanentemente. De no ser así podríamos decir con razón: “Qué pueden importarnos estas enseñanzas moralistas de entonces. Muy bonito ciertamente, en parte del todo justas, seguramente sacadas del Hammurabi, y otra parte tomadas de los egipcios etc. Pero ahora somos más civilizados y tenemos leyes mejores y más justas. Y del amor de todas formas, no se oye nada allí”.
Y visto desde el punto de visto histórico, estas objeciones no son tan descabelladas. Sin embargo, olvidamos de continuo que lo histórico es una de muchas dimensiones posibles. Vamos a hablar de ellas.
seguirá…